IV (de la serie CONFIDENCIAS CON MI ANGEL)


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IV 

(de la serie CONFIDENCIAS CON MI ANGEL)

   

    ¡Ángel, qué bueno encontrarte! Siempre necesito al fiel amigo que me entiende. 

    ¡Claro, a mí me gustaría tener cosas lindas para contarte, pero este mundo está cambiando tanto!...  y si no, fíjate. Tú ya me conoces y sabes que mi sensibilidad se afecta fácilmente y no es exageración. Mira lo que te voy a contar.

    Desde niña descubrí que cuando recién comienza a llover, unos minutos antes, la tierra esparce en el aire un perfume muy especial, que en mis pocos años se me ocurrió era el perfume que usaban los duendes y las hadas. Y así fui creciendo, con estas fantasías. 

    Andando el tiempo, descubrí que a muchas personas también les gustaba ese aroma y salían afuera a aspirar hondo antes de que se largara la lluvia. 

     Así han pasado mis años y siempre seguí fiel a aquel regalo de la naturaleza: respirar hondo el perfume de las hadas y los duendes. 

    ¿Pero sabes, Ángel? Termino de descubrir que unos científicos han creado en un laboratorio el mismo aroma... O sea, ya no habría necesidad de salir a la llovizna a respirar hondo el perfume de la tierra...

    En breve podríamos ir a un negocio y -con dinero- comprar olor a tierra mojada como si fuera un perfume... ¡QUE ATROZ!!!!

     En cualquier momento crearán una puesta de sol y venderán un ocaso que el Universo hasta ahora nos ha regalado.

    ¿Te das cuenta, Ángel, lo que te decía el otro día? Que el ser humano reconoce y centra toda su atención en el dinero... $$$$.... ¡¡¡TODO FALSO!!! 

     Yo seguiré esperando el momento en que la tierra envíe sus hadas y sus duendes. 

© Isabel Hernández Tibau

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