Entradas

LA SEÑORITA LUCIA - Fragmento para escuchar

Imagen
 LA SEÑORITA LUCIA Fragmento para escuchar Hoy vamos al segundo relato del libro ¨Gorriones de la Plaza":  La Señorita Lucía  en la voz del locutor Dr. J. Spatakis.   © Isabel Hernández Tibau

EL ENVOLTORIO DE PAPEL ROJO - Narración completa

Imagen
          El entramado de estas historias está hecho con hilos de verdad e hilos de fantasía.             Nombres y situaciones mezclados sin que tengan que coincidir en lo cierto o lo imaginario. Un grupo de niños más dos personajes pasarán a través de las cinco historias asimilando con sus pocos años diferentes hechos. La autora, una de ellos, recuerda aquel pasado del que salieron fortalecidos.  EL ENVOLTORIO DE PAPEL ROJO Narración completa           Cuando yo era una niña de unos nueve o diez años, había en el pueblo donde me crié un personaje singular y entrañable.            Don Juan era su nombre y era un avestruz; un enorme y precioso avestruz.            -ÑANDÚ, nos dijo la maestra; avestruz es el de África!...- Pero para todos seguía siendo un avestruz, sobre todo para los niños que éramos sus amigos...

GORRIONES DE LA PLAZA - Fragmento para escuchar

Imagen
GORRIONES DE LA PLAZA Fragmento para escuchar Hoy presento a Uds. mi libro Gorriones de la Plaza.  En los siguientes días publicaré algunos fragmentos de las historias contenidas en el mismo, grabado por el Dr. Jorge Spatakis, locutor, quien gentilmente cedió su voz y su talento para la presentación del libro el 10 de mayo de 2014 en la Casa de la Cultura de José Batlle y Ordóñez.  Hoy comenzamos por   El Envoltorio de Papel Rojo . © Isabel Hernández Tibau

CLUB CONCORDIA

Imagen
CLUB CONCORDIA Don Pérez Baile La manito de bronce del llamador golpeó dos veces con fuerza en la puerta del zaguán. -¡Fijate quien es!-, se oyó la voz de mi tía, a lo que enseguida contestó Serafina (trabajaba en casa): -¡Es don Pérez Baile! Ni bien entró, yo llegué corriendo y me frené junto a él. Se rió y como hacía siempre, me revolvió el pelo y me dijo: -¿Cómo vamos hoy?, pequeña. -Muy bien y usted? -Bien, bien.-, dijo, y entramos. Yo esperaba entusiasmada que viniera, porque ya había llegado la invitación del Club Concordia para los bailes de carnaval. A mí y a todos los chiquilines nos tenía en el aire aquello del carnaval, porque de alguna manera también teníamos nuestro lugarcito. La presencia de don Pérez Baile era infaltable en cada evento que se organizaba en el pueblo. Era un español que no sé por qué razón había recalado en nuestro pueblo. Todos lo queríamos mucho y respetábamos sus conocimientos de teatro, de zarzuela, de todo espectáculo que s...

LAS PALOMAS Y DON SORIA

Imagen
Terminaba los deberes de la escuela y salía corriendo para la plaza de deportes. Atravesaba la otra plaza frente a la que vivía y llegaba sin aliento a la de deportes. Y allí estaba el portón grande, abierto de par en par como esperando para abrazarnos. ¡Era como entrar en un mundo mágico, con tantas cosas! ¡De todo para divertirnos! Muchos de los chiquilines ya estaban ahí, alborotando, corriendo queriendo agarrarse unos a otros, jugando a la pelota… y a los pelotazos. Unos en los subibaja, otros en las hamacas, las grandes, porque también había unas para los chiquitos, que tenían una maderita que se subía para sentarlos y se bajaba después para asegurar a los valientes que se hamacaban. También estaban los toboganes y ¡claro! todos queríamos tirarnos del más alto. Habían también unos aparatos para hacer gimnasia; unas argollas, unas... como escaleras que subían y bajaban, como un subibaja pero en el aire. Otra cosa que le decían el potro en el que los más grandes...

JOBITO

Imagen
https://www.pinterest.com/gnar52/g%C3%BCzin/ Hoy comienzo por decir ¡Gracias! ¡Muchas gracias! a todos y cada uno de los que visitaron mi blog (¡más de 1.500 en menos de 24 horas!). Me gustaría que me siguieran en las próximas publicaciones. Otra vez gracias y un abrazo. Jobito… para acá, Jobito para allá, siempre apurado, casi corriendo. Con sus zapatillas gastadas y tan grandes que cada cinco o seis pasos se le descalzaban.Era un niño de unos nueve años, o diez, no importa. Importa sí que vivía en “el dobladillo” del pueblo, donde casi empezaba el campo. Nadie sabía bien dónde ni tampoco qué familia era la suya. Eso no le importaba a nadie. Si Jobito corría y corría todo el día era porque hacía los mandados de todo el pueblo; llevaba y traía cosas, cargaba a veces pesos mayores de lo que a su cuerpo flacucho le convenía. Pero lo hacía sonriendo o con su eterno silbidito, siempre con la misma tonada. Pocho Campelo trabajaba en el banco. Vino a casa como todos los ...

PROXIMA ESTACION… ¡NICO PEREZ!

Imagen
PROXIMA ESTACION… ¡NICO PEREZ!   El guarda avanzaba por el centro del coche gritando: ¡boletos, boletos! y mientras avanzaba iba marcando con una pincita unos cartoncitos que todos sacaban de sus bolsillos y carteras. Confieso que a esto yo le tenía un poco de miedo. No me gustaba aquella pinza que el guarda levantaba en el aire como una amenaza, abriéndola y cerrándola con chasquiditos, y por más que mi abuela me explicara… no me gustaba ¡nada! En cambio, cuando se paraba en la puerta y desde ahí gritaba: -Próxima estación… ¡Nico Pérez!-, allí daba rienda suelta a mi alegría y ya empezaba a guardar en mi bolsito todas las cosas que tenía sobre la mesa: libros de cuentos, una libretita en la que dibujaba todo lo que veía, los lápices de colores y por supuesto las galletitas y caramelos que aún me quedaban. Mi abuela se reía y trataba de calmar mi ansiedad: -¡Todavía falta un poquito!- me decía. Pero yo ya quería llegar y de ahí mi apuro. Yo viajaba de Montevideo a Nico Pérez desd...